La ciudad de Burgos y su Casa de Moneda.
En la baja Edad
Media, la titularidad de la moneda pertenece en derecho al emisor. En el caso
castellano y leonés, para poder acuñar moneda se necesitaba la autorización
real. El rey podía no acuñar moneda, pero sí permitía que otros acuñaran su moneda, por medio de concesiones
temporales. Y así lo hicieron corporaciones eclesiásticas, como por ejemplo los
obispos compostelanos, o Monasterios como los de Sahagún en León, y San Antolín
en Palencia.
Para tener la
posibilidad de fabricar o acuñar moneda, se necesita disponer de material y
recursos humanos para llevarlo a cabo. En los primeros años de vida de los
Reinos Cristianos, se tiene constancia de talleres itinerantes de monederos,
que acompañaban a los reyes para acuñar moneda según sus necesidades. Debían
ser de origen franco, por las noticias que se tienen. Los monederos franceses o
lombardos se desplazaban al lugar en el que recibían los encargos de fabricar
moneda.
La influencia del
Camino de Santiago, en concreto el denominado “camino francés”, que atravesaba
la Ciudad de Burgos, atrajo a muchos cambistas, que recogían moneda extranjera
y la cambiaban por la oficial del reino.
En el siglo XI y sobre todo el XII, se abandona la imitación de tipos
musulmanes, apostándose por modelos que ya circulaban en la Corona de Aragón y
Navarra, de influencia carolingia o Franca.
Moneda. Dinero de Alfonso VIII. Anverso. Vellón. MCM
La ubicación de
las cecas en una determinada ciudad supone una transformación en el modus
vivendi de los monederos, acostumbrados a desplazarse de uno a otro punto para
realizar las acuñaciones allá donde fueren demandados o, por decirlo de otra
manera, allá en donde se encuentra el metal, siempre con el respeto a su
independencia, a la exención de impuestos de jurisdicción municipal o real. Su
asentamiento en una determinada ciudad trajo consigo la consagración de unos
privilegios de una manera uniforme en toda Europa.
Ante la falta de
documentación sobre el momento concreto de la creación de la Casa de Moneda de
la Ciudad de Burgos, los diferentes autores se han postulado en diversas teorías.
Así, Luis Monteverde sitúa como punto de partida de las acuñaciones, un dinero de Alfonso VII con el Rey a
caballo y la leyenda de anverso REX BV. Otros autores como Mateu y Llopis y
García Rámila se inclinan más por el reinado de Alfonso VIII que pasaba muchas
temporadas en la Ciudad.[1]
Según recoge
Antonio Roma[2],
“se documenta que tras el año 1263 los
monederos se asientan con carácter permanente en Burgos”, como se percibe
por la cuantiosa documentación que conserva el Archivo Municipal y que, en
parte, fue publicada por Emiliano González Díez.[3]
En la Crónica de
Sancho IV, se da noticia que el rey, el 17 de junio de 1287, arrienda en Burgos
al judío Abraham “el Barchillón”, todas
las monedas que se labran en Castiella et en León, et en Andalucía, et en el
Regno de Murcia”, lo que nos certifica el sistema de arriendo a un
particular que seguía la monarquía para estos trabajos.[4]
Lo que acabamos de
documentar, certifica el funcionamiento o existencia en la Ciudad, de un taller
de acuñación de moneda, perfectamente asentado ya desde al menos el siglo XIII.
Sobre la
localización de la ceca en el plano de la ciudad de Burgos, hay menos dudas. Su
asentamiento en la calle principal por la que entraban los peregrinos y cerca
de la muralla, junto a una vía de agua, son signos inequívocos y que dejaron
huella en el callejero burgalés. El actual número 5 de la calle San Juan, donde
aún se puede encontrar el antiguo escudo del siglo XVII de la fachada, es la
ubicación que damos por correcta.
Una cédula del rey
Enrique III de fecha 25 de agosto de 1403, habla de un arco que vuela de un
lado a otro de la calle San Juan, sobre el que cargan habitaciones o estancias,
que está encima de la puerta de la Casa de la Moneda, y que es muy bajo. Dice
el rey:” quando yo vengo aquí con los mis
pendones, no pueden pasar enhiestos, e eso mesmo las lanças de armas e los que
las trahen an las de abaxar e quiebranse algunas veces a la pasada de los
dichos póntidos…”[5]
este arco o “póntido”, como se le llama en el escrito, servía normalmente
para pasar de un lado a otro de las casas colindantes, sin tener que salir a la
calle. Es por ello muy probable, que el tesorero, o alguno de los oficiales,
tuviera vivienda enfrente de la Casa de la Moneda, también en la propia calle
San Juan, calle real por donde el rey pasaba con su comitiva al visitar
la ciudad.
La situación
geográfica de la ceca de Burgos, la más al Norte de Castilla, explica la
influencia del comercio con Flandes, que da acceso a las minas de plata
alemanas y de Centro Europa. Su situación en una zona en la que confluyen las
principales rutas mercantiles de la Corona de Castilla, le permitirá ser un
referente en la producción de moneda para todo el reino entre los siglos XIV al
XVI, como ha estudiado Javier Sebastián Moreno.[6]
La época dorada de
Burgos fueron las décadas finales del siglo XV y las primeras del siglo XVI.
Para entonces Burgos era una ciudad importantísima por su industria y su
comercio; sin duda la ciudad más importante del norte de Castilla. De hecho,
Burgos era “Cabeza de Castilla”, lo cual era una especie de “título nobiliario”
que la resaltaban como principal ciudad del reino. También fue la primera
ciudad castellana en denominarse “muy noble”, aunque ya en la época de los
Reyes Católicos tenían este título León, Toledo, Sevilla y Córdoba. Otro título
es que era “cámara real”, lo que indica que ahí podía residir la Corte, que
como se sabe, en esos tiempos era itinerante.
Juan de Lerma, Guarda Mayor de la Real Casa de la Moneda de la Ciudad de Burgos
Libro de la Cofradía de Caballeros de Santiago
Esta época de
esplendor coincide con un momento de alta actividad industrial y comercial en
la ciudad. La industria platera cobró gran importancia y, como no, se favoreció
mucho a la ceca de Burgos. Se cita como ceca importante en la ordenanza de
Enrique IV del 26 de marzo de 1472, y la Pragmática de Medina del Campo de los
Reyes Católicos de 1497.
No se trataba de
un edificio separado del resto de casas, sino más bien, formaba parte del
caserío sin destacar en demasía. Según Carmen Cámara y Juan Mañeru, estaba adosada
a una casa modesta por su fachada principal, lindando también con un
paraje llamado “Huerta del Abad” y con la esgueva, delimitada por sus propias
construcciones o con sencillos cerramientos de emplenta no muy elevados…[7]
La fachada
principal se abría a la calle san Juan con un frente de 70 pies (19,5 metros) y
un fondo de 50 metros. Lindaba con la casa de un sastre que estaba situada más
hacia la actual Plaza de Alonso Martínez. Por el otro lado hacía esquina con la
esgueva que entraba por la actual calle del General Santocildes. Tras este
edificio principal donde estaban la parte administrativa o noble de la Casa de
la Moneda, se abría un patio con edificios auxiliares más modestos y detrás,
hacia la muralla, otras dependencias para almacenes, fundición…llegando hasta
un huerto y un espacio verde, que denominaban el campillo.
El edificio tenía
dos plantas y desván. Según trasciende de la reforma que se hizo en el siglo
XVII bajo la tutela del Duque de Lerma. El frente de la primera planta era de
piedra de sillería, y el resto del edificio de ladrillo, con los vanos
enmarcados en piedra y protegidos con rejas los de la planta baja.[8]
Por diversa
documentación, conocemos que tenía tres puertas de acceso, dos exteriores y una
interior, la de acceso al patio. La puerta principal tenía 14 pies de alto por
9 de ancho. Estaba hecha de madera de roble y nogal, adornada con escudos
reales dorados y una aldaba en forma de corona real. La puerta secundaria, que
daba acceso a la fundición, estaba en un lateral junto a la esgueva, utilizándose
para la introducción de los materiales y el paso del personal operario.
Siguiendo con la
descripción que nos proporcionan las trazas, visitas y los inventarios
conservados, sabemos que por la puerta principal se accedía a un zaguán y al
patio, ambos empedrados. Desde el zaguán partía una escalera al piso superior
donde se encontraba “la sala de
Libranza”, una estancia de 40 pies de largo por 22 de ancho, que había sido
reformada en 1565 por el arquitecto Simón de Bueras.[9] Aquí se realizaba el
pesaje de la moneda, clasificación, recuento y empaquetado. Se iluminaba con
luz natural a través de ventanas con vidrieras, teniendo un brasero para
combatir el frío. Según los inventarios, en esta sala se encontraban dos
balanzas grandes, otra pequeña, siete arcones de distinto tamaño “un arca antigua de dos llaves, donde los
guardas tienen y recogen los aparejos de monedear”, y unas sólidas mesas de nogal entre otros muebles.
Siguiendo las descripciones que han documentado los investigadores Cámara y Mañeru, en esta misma planta estaba el llamado “aposento de los papeles”, y el del Tesorero o Contador. Junto a un encerado para hacer cálculos, había dos arcas con cerradura de tres llaves, donde se guardaban los “privilegios del escribano”, y otro arcón más antiguo en el que se custodiaban las ordenanzas y el señoreaje de la ceca. En este piso superior, también se documenta la existencia de una chimenea sobre la necesaria del piso inferior.
Volvemos a la
planta baja hacia el lado de la esgueva donde se encontraba el aposento del tesoro, con suelo de madera
y ventana con vidriera. La puerta de
esta estancia, se abría con tres llaves que custodiaban el teniente de
Tesorero, el Escribano y el Guarda Mayor. En esta habitación se encontraba un
arca grande de nogal para guardar el
feble.
El aposento del
sello y de la talla, también estaba en la planta baja un poco apartado del
edificio principal, ya cerca de las fundiciones. Constaba de un cuarto para el
tallador y un horno de ensayos. En esta planta baja había una necesaria o retrete que caía sobre el
cauce de la esgueva.
Sabemos también
que la Casa de Moneda de Burgos, contaba con Audiencia y Cárcel. Probablemente,
según los autores citados, situadas más hacia el lado de la actual Plaza Alonso
Martínez, hasta donde casi llegaban las construcciones por la parte de atrás.
La justicia se ejercía por funcionarios nombrados por el rey, sobre un suelo
entarimado, techo artesonado y en una mesa rodeada de asientos de estrados.
Detrás de todo
este cuerpo principal de la casa, y adosadas a la tapia lateral que hoy daría a
la calle de General Santocildes, se ubicaban las dos fundiciones que se
documentan en el XVII, con la traza de las dos chimeneas de ladrillo[10] enlucido recién construidas.
Próximas a ellas, estaban las hornazas
(hornos) de los capataces, el taller del herrero y zonas independientes para
guardar el cobre y el carbón, dos cuadras para los animales de tiro y un
cobertizo a modo de cochera.
Los oficiales eran
el personal especializado que trabajaba en la Casa de la Moneda. La mayor
parte, muy relacionado con el gremio de los plateros. Solían vivir en un mismo
barrio, y eran llamados cuando había cantidad de metal suficiente para acuñar,
bien de particulares o del Rey.
Entre el conjunto
de trabajadores no especializados, los monederos debían hacer labores
relacionadas directamente con la acuñación de moneda, mientras que los obreros
se encargarían de las funciones complementarias, en fundición, laminación,
corte, transporte, etc.
El número todos
ellos, fue variando según las épocas y los picos de actividad de la ceca. Así
en 1429 se citan a 397 monederos; 134 en 1494 bajo la nómina de Lesmes de
Mazuelo; 150 obreros y 100 monederos fueron el tope impuesto por los Reyes
Católicos para Burgos en su Pragmática; Felipe II fija en 98 obreros y 62
monederos (Nueva recopilación de Leyes, 1569); y en 1606 se recogen 99
monederos en una nómina.[11]
Las cecas o casas
de moneda, van evolucionando en la organización interna con el tiempo. Así, el
maestro de moneda, desde finales del siglo XIV pasa gran parte de sus funciones
al tesorero, que a partir de aquí y en los siglos siguientes, será el máximo
responsable de la ceca. El ensayador se ocupa de verificar que la talla, y
sobre todo la ley de las monedas emitidas, responde a lo reglamentado. Los
guardas tienen por cometido, garantizar que no se produzca moneda fuera de la
ceca, y se encargan de controlar lo que sale de la casa, además de custodiar
diversos materiales necesarios para la acuñación. El escribano, por su parte,
da fe de todas las operaciones que se hacen en la casa, garantizando que todos
los intervinientes cumplen con sus cometidos.
La adquisición de
cargos en la ceca ya en el siglo XV fue, en gran medida, a través de compra por
particulares con un interés lucrativo, debido no sólo al porcentaje que se
quedaban de cada trabajo, sino en gran parte también, a las exenciones fiscales
y privilegios que conllevaba el cargo. La Corona se beneficiaba de la venta de
esos y otros cargos que, en muchos de los casos, eran de por vida o
hereditarios.
Los empleados de
la Casa de la Moneda estaban divididos en tres categorías: oficiales mayores,
obreros monederos y peones. En el siglo XVI se sabe que el cuerpo de los
oficiales lo formaban el tesorero, dos alcaldes, balanzario, ensayador,
entallador y escribano. El tesorero y los dos alcaldes eran nombrados
directamente por el Rey. La plantilla la completaban 5 capataces, 26 oficiales
obreros monederos y un número desconocido de peones.[12] Sin renunciar a sus
derechos, los oficiales mayores siguieron la práctica de nombrar “tenientes” o
sustitutos de su oficio, para que desempeñaran el cargo en su lugar, en muchos
casos porque no sabían desempeñarlos. El tesorero escogía a los oficiales
menores, que eran los que trabajaban en las distintas fases del amonedamiento,
teniendo conocimiento de los diferentes oficios.
Los oficiales de
la ceca burgalesa, eran personas de gran relevancia social. La Cofradía de los
Caballeros de Santiago de Burgos, instituida en 1388 por Alfonso XI, contó
entre sus miembros desde su creación, con las figuras más sobresalientes de la
sociedad burgalesa. Gran número de ellos están dibujados en el libro que se
conserva, a caballo, con sus armas y títulos. Entre ellos encontramos a varios
que fueron oficiales de la Casa de la Moneda burgalesa:
- Juan Vázquez de Acuña (Tesorero)
- Alonso Díaz Cuevas (Entallador)
- Alvar García de Santa María (Alcalde)
- Diego González (Tesorero)
- Juan de Lerma Polanco (Guarda)
- Fernando Mazuelo (Tesorero)
- Hernando de Mazuelo (Tesorero)
- Lesmes de Mazuelo (Tesorero)
También existía en Burgos desde 1494, en que fue creada por los Reyes Católicos, el Consulado del Mar, que tenía origen en el gremio de comerciantes, llamado la Universidad de Mercaderes, que existía ya de antiguo, para dilucidar cuestiones relativas al comercio internacional, en esencia, dedicado a la exportación de lana. Pues bien, entre los prestigiosos hombres de negocio que formaron parte gestora de esta sociedad, formada por un prior y dos cónsules, están algunos oficiales de la Casa de la Moneda en el siglo XVI:
-Lesmes de Astudillo (balanzario)
Cónsul
-Diego de Curiel (Alcalde). Cónsul y
Prior
-Juan de Lerma Polanco (Guarda).
Cónsul y Prior
-Luis de Maluenda (Escribano).
Cónsul
-Francisco de Orense (Alcalde).
Prior
-Juan de Orense (Alcalde). Prior
-Gómez de Quintanadueñas (Guarda).
Cónsul y Prior.
-Diego de Salamanca (Alcalde).
Prior.[14]
El rey D. Enrique
II concedió el 12 de abril de 1366 en la Ciudad de Burgos los siguientes
privilegios y prerrogativas a los Oficiales, Obreros y Monederos de las cecas
de sus reinos:
“Por la dicha carta de privilegio son libres, i
francos, i essentos de moneda forera, i de yantar, i de martiniega, i de
servicios, i de pedidos, i de hueste, i de fonsadera, i de ir o enviar
enfonsados, i de empréstitos, i de portazgos, i de diezmos, i passages, i
peage, i recuaje, i de roda, i castillería, i de sueldos, i de toda
servidumbre, i de todo premio, i de todo tributo, i de todos los otros pechos i
derechos, que los otros uviessen de dar al Rei…”
“Otrosí les fueron dados alcaldes que juzgasen sus
pleitos…; Que sus Alcaldes tuviesen prisión apartada…; Que no fuesen presos sus
cuerpos por ningunas deudas que deviessen…; Que sus ganados anduviesen salvos y
seguros por sus Reinos, i paciesen la yerbas sin pena, salvo panes y viñas…;
Que fuesen francas sus moradas donde possasen…; I que ninguno uviese Señorío
sobre ellos sino el Rei”.
En definitiva,
estos son los impuestos en los que estaban exentos:
MONEDA FORERA:
Impuesto que se pagaba al Rey para evitar que acuñase nueva moneda
YANTAR: Obligación
de dar sustento al rey y sus acompañantes.
MARTINIEGA:
Impuesto que se pagaba el día se San Martín (11 noviembre) en especie. Entre
una cuarta parte y una décima de la cosecha.
SERVICIOS Y
PEDIDOS: Cualquier tributo excepcional que pudiera solicitar el Rey a las
Cortes.
HUESTE: Obligación
de acudir a las grandes expediciones militares que se organizaban.
FONSADERA:
Redención por pago en metálico del servicio militar.
EMPRÉSTITOS:
Préstamos que el Rey recibía de la Cortes.
PORTAZGO: Impuesto
que se pagaba al entrar mercancías por las puertas de la Ciudad.
DIEZMO:
Contribución territorial que suponía el décimo de la cosecha.
PASSAGE: Impuesto
por el tránsito de animales por algunos lugares.
PEAGE: Impuesto
por el tránsito de personas por algunos lugares.
RECUAGE: Impuesto
por el tránsito de animales de carga por algunos lugares.
RODA: Impuesto por
el transporte de mercancías en carro.
CASTILLERÍA:
Contribución personal para la construcción y mantenimiento de castillos y
fortalezas defensivas.[15]
En la Casa de la
Moneda de Burgos, se trabajaba desde las 5 de la mañana hasta las 12 del mediodía,
y por la tarde de 2 a 7. Doce horas en total de jornada, que se realizaba por
llamamiento del tesorero, cuando el Rey ordenaba acuñar moneda en la ceca.
Pueden pasar momentos de gran actividad, y sucederse años sin actividad.
Cuando menos cabe
pensar que algunos de los monederos burgaleses, lo mismo que leoneses y sevillanos,
tenían sus viviendas en la propia ciudad. En el siglo XV, en la iglesia
parroquial de San Gil en Burgos, varios escribanos de la Casa de la Moneda,
aparentemente de la misma familia, edifican sus panteones en la ante-sacristía,
antes capilla de los Burgos. Se trata de Juan García de Burgos († 1429) y de
Francisco García († 1511). La riqueza del enterramiento denota un elevado nivel
de renta cuando menos en una parte de este conjunto de personas.
Conocemos a
algunos de los ensayadores que ya, desde la Pragmática de Medina del Campo de
1497, están obligados a poner sus marcas en las monedas. Así para las monedas a
nombre de los Reyes Católicos, tenemos constancia de que el armiño es de Lesmes Ruiz, la venera es de Peñaranda, dos roeles de Martín Sánchez, la cabeza de águila de Cristóbal Cerdeño,
la letra x de Palacios, el caldero de Calderón, y el corazón de Miguel Espinosa. Lesmes
Fernández del Moral, tiene por marca un árbol
arrancado. También se documenta la hoja
de perejil, en torno a 1530 de ensayador desconocido. A finales del siglo
XVI nos encontramos la M con una O encima, que es de Juan de Morales, Francisco
de Segovia marca con una media luna o
menguante, y Juan de Salazar que lo hacía con la letra r que se asemeja al
número 2 y por lo tanto a la letra Z de su apellido.[16]
Ya en el siglo
XVII, la A de Pedro de Arce y B·R es la marca de Bernardo de Pedrera, uno de
los más prolíficos de la ceca.
La fabricación de
los cuños requiere de la pericia en el manejo del hierro. Por lo general, los
cuños son circulares, están fabricados en hierro y la parte grabada es de
acero, conseguido con la aportación de mayor contenido de carbono.
Los medios
materiales con los que contaban los monederos para realizar su labor, eran de
al menos un horno en una estancia denominada fornaza, que tenía un fuelle para avivar la llama en su interior.
Se precisa la proximidad de agua, que en el caso de Burgos lo daría la esgueva
que pasaba a su lado.[17] Por diversas representaciones
artísticas, conocemos la existencia de uno o varios bancos, en el los que los
monederos llevaban a cabo la acuñación. Y es de suponer que se empleasen otros
elementos que aparecen en las descripciones como son: palas, carretillas,
cubos, calderos, martillos, libros, plumas, y un almacén para depositar el
combustible de la hornaza, cobre, mercurio, plomo…necesarios para alear la
plata. Finalmente, debía existir un cuarto o habitación cerrada, para conservar
los cuños, el oro y plata, además de la moneda ya acuñada. No se requería una
tecnología compleja.
El metal que
llegaba a la ceca podía ser de moneda amonedada, vajilla o en pasta, que adopta
forma de lingote o de torta. Una vez en el taller, se depuraría la plata
aplicando plomo, y ensayaría las monedas tras mezclar con cobre para buscar la
aleación pretendida.
Para fundir estos
metales se requiere un horno capaz de alcanzar temperaturas de más de 1.000ºC.
Así, el cobre puro necesita 1083ªC para fundirse, y la plata 960ªC. El horno,
fragua o fornaza, estará alimentado
por carbón o madera. La responsabilidad de estas labores, corresponden al
maestro de la Ceca.
Una vez fundido,
la cantidad precisa de aleación era vertida en rieleras de madera o metal,
posiblemente cubiertas de aceite para despegar con facilidad la lámina una vez
fría. Con carácter previo, el metal se habrá vertido en un crisol, elaborado
con material refractario o con hierro.
Los guardas
entregarán dos láminas al ensayador para controlar la ley. En el mismo acto
estará presente también el escribano que tomará acta de todo. De cada ensayo, a
partir del siglo XIV al menos, se debe conservar una muestra en un papel,
indicando fecha y labor, quedando depositadas en una caja con dos llaves, una
en poder de los ensayadores y otra de los guardas. El objetivo no era otro que
permitir las supervisiones de los análisis por otros ensayadores del rey, y así
controlar al ensayador de la ceca.
Una forma
alternativa de ensayo, es el empleo de piedras de toque, que consiste en hacer
una ralladura en la pieza con la piedra de toque, para comparar con la
tonalidad que dejan unas puntas cuya aleación era conocida.
La operación de
acuñación se efectúa situando el flan entre los cuños, estando fijo el inferior
o pila, y móvil el superior, sujeto por una mano mientras la otra golpea con el
martillo. El cospel debía estar levemente templado para evitar resquebrajarse
con el golpe. El acuñador se encontraba sentado y debía hacer esta operación de
modo individual., cogiendo cada cospel, situándolo en la pila, coger la maza o
martillo y golpeando. Los cuños eran entregados cada mañana por los guardas, y
recogidos al terminar la jornada. Del análisis de las monedas encontradas, se
aprecia que, en la mayoría de los casos, no coincide la posición de anverso y
reverso, quedando al azar.
Según Ladero
Quesada, las reformas monetarias que acometió el rey Alfonso X, dieron mayor
importancia al vellón, empujado por los cuantiosos gastos de la Corona,
obligando a la baja del porcentaje de plata en las monedas, para mayor
beneficio del rey.[18] El vellón será el
protagonista en los siguientes siglos en la Casa de Moneda de Burgos, como el
material más abundante en el circulante castellano.
La documentación
sobre las visitas que recibían para inspección de los veedores municipales, así
como las cuentas que se conservan en el Archivo General de Simancas, nos
descubren muchos períodos de inactividad de la Casa, seguidos de otros de gran
producción. Este último es el caso de todo el resello de moneda que aconteció
en distintos momentos de los reinados de Felipe III y Felipe IV.
Entre 1662 y 1664 se
instalan en la Casa de Moneda de Burgos 2 molinos para acuñar moneda, tal y
como se hizo en las demás casas por orden del Rey. El Secretario del Consejo de
Hacienda propone que”…por escusar costas
en fabricar nueva casa, se ponga en esa, y si fuera menester tomar algún
ensanche hacia el pradillo de San Ildefonso, se podrá hacer, pues es sitio de
la Ciudad…”.[21]
El llamado Ingenio de los Molinos, a semejanza de lo que llevaba años
funcionando en Segovia, se instala por tanto en la misma Casa, tras hacer
algunos trabajos de acondicionamiento.
Por Glenn Murray, y
su investigación en el Archivo de Simancas, sabemos que “la labor de molino se inicia el 1 de junio de 1662 y se paraliza el 18
de octubre de 1664”. Se contrató con un asentista
que adelantaba los gastos del montaje, a cambio de llevarse una parte del beneficio
en las acuñaciones.
Felipe V y su
Gobierno, dispusieron una serie de leyes y ordenanzas, que consideraban
necesarias para devolver la estabilidad monetaria a la Corona, tras las sucesivas
crisis del siglo XVII, pues se había heredado una moneda de baja calidad y con
pérdida de prestigio. Entre las disposiciones legales destaca la orden de la
Real Junta de Comercio y Moneda de 9 de junio de 1728, donde se cambian los tipos
monetarios y se reducen a tres las Casas de Moneda de la Metrópoli; a saber,
Madrid, Segovia y Sevilla. Se mantienen para América las Casas de Moneda
existentes, incorporando por Cédula en 1731 la ceca de Guatemala y en 1734 la
de Santiago de Chile.[22]
Esta reglamentación, supuso el cierre definitivo de la Casa de Moneda de Burgos en la calle San Juan, habiendo sido una de las Instituciones más longevas de la Corona en la Ciudad, dejando tras de sí una historia de casi seis siglos.
Con la llegada de las tropas napoleónicas a la ciudad, a finales de 1808, se decretaron expropiaciones a los enemigos de la nación francesa. Así, un decreto de Napoleón, llegó a la Junta Municipal, determinando, entre otras, la ocupación de las haciendas del Duque de Medinaceli. Esto supuso, que mientras los franceses ocuparon Burgos, el edificio de la Casa de la Moneda, en esos momentos, en manos del Duque, pasaba a albergar la tropa y caballería napoleónica.
Ya en el primer
tercio del siglo XIX, los descendientes del Duque de Lerma, vendieron el
edificio de la antigua Casa de la Moneda en la calle San Juan, a la familia
Barbadillo, ricos propietarios provenientes de Covarrubias. Así, sabemos que,
Doña María Paz Barbadillo Pueyo, heredó de su padre Norberto Barbadillo al
fallecer, la casa número 61(numeración antigua) de la calle San Juan “titulada de la Moneda”, valorada en 83.000 reales. Doña María Paz Barbadillo
casó con Don Manuel Ruiz Zorrilla[23] en 1856, y poco más tarde
vendieron la Casa de la Moneda al abogado Ángel Aparicio, que la derribó años
después para levantar una propia, debido a su ruina inminente.[24]
Lo único que da
cuenta del recuerdo del establecimiento real, es la calle que el Ayuntamiento
dedicó a la Casa de la Moneda, donde antaño discurría la esgueva, y el escudo
que se conserva en la fachada de la casa actual.
Escudo de se conserva de la Casa de Moneda de Burgos en la actual casa número 5 de la calle San Juan.
Junto a la Casa de
la Moneda burgalesa, existió siempre un puente que salvaba la esgueva y daba
paso al Camino de Santiago. Según documenta René Jesús Payo, fue objeto de
numerosas reformas en el siglo XVII, como también en 1841, en que, debido a “sus pésimas condiciones”, fue reformado
por parte del Ayuntamiento adjudicando los trabajos a Francisco Bárcena. [25] Poco duró la visión del
puente, pues diez años después se tomó la decisión de tapar la esgueva para
crear una nueva calle.
El Ayuntamiento de
Burgos, en el año 1856 determina nombrar como “Calle de la Casa de la Moneda”,
a la esgueva cubierta tras la calle de Santander. En el escrito de
justificación, se dice que “tras seis
años que hace se halla destinada al tránsito público, cuando nuevas casas
tienen a ella sus fachadas principales…”, se denuncia la anomalía de que
aún no tenga nombre. Exponen en el escrito de justificación, que la calle nueva
que se ha abierto, discurre por la antigua esgueva denominada de la moneda, y por ello el Ayuntamiento
propone perpetuar el recuerdo de que “en
tiempos de los Reyes de Castilla, era Burgos casi la única Ciudad de toda ella,
que tenía el privilegio de acuñar moneda real…”.[26]
Jesús Ojeda Calvo
26 diciembre 2024.
Fuentes:
- A.G.S.
Contaduría Mayor de Cuentas-3ª época, leg.2403.
- A.G.S Consejo y
Juntas de Hacienda, leg.1415
- AMB HI-2980
Cédula del rey Enrique III en que concede licencia para derribar un póntido que estaba encima de la puerta
de la Casa de la Moneda. 1403.
- AMB HI-C3-8-6/1
Dos libros de visitas a la Casa de Moneda de Burgos. 1578-1661.
Bibliografía:
- BARTOLOMÉ ARRAIZA, Alberto; SÁINZ
VARONA, Félix Ángel. Catálogo exposición “La
Ceca de Burgos”. Monasterio de San Juan junio 1983. Ayuntamiento de Burgos.
- CÁMARA FERNÁNDEZ y MAÑERU LÓPEZ. La Casa de la Moneda de Burgos en el siglo
XVII (1600-1630). Boletín Institución Fernán González. Burgos. Año LXXVII
nº217 (1998/2).
- GONZÁLEZ DÍEZ, Emiliano. Colección Diplomática del Concejo de Burgos
(884-1369). Instituto de Estudios Castellanos. Burgos 1984.
- IBÁÑEZ PÉREZ, Alberto C. Burgos y los burgaleses en el siglo XVI.
1990. Ayuntamiento de Burgos
- LADERO QUESADA, M. Á. Monedas y políticas monetarias en la Corona
de Castilla (siglos XIII al XV). XXVI Semana de Estudios Medievales.
Estella. 19-23 Julio 1999. Gobierno de Navarra, Pamplona, 2000
- MARTÍNEZ DÍEZ, G. en su libro La Ciudad
de Burgos en su Historia. Ayuntamiento de Burgos. 2009
-PAYO HERNANZ, René Jesús. Historia de los puentes de la ciudad de
Burgos; En obra colectiva ”Puentes
singulares de Burgos” Coordinador Miguel Ángel Moreno Gallo. 2018.
Diputación Provincial de Burgos.
- RILOVA PÉREZ, Isaac. De París a Burgos. Ruiz Zorrilla y los
Barbadillo de Covarrubias. Colección Academos. Aldecoa 2022.Burgos.
- ROMA VALDÉS, Antonio. Emisiones medievales monetarias y
castellanas de la Edad Media. Organización, economía, tipos y fuentes.
Textos de Numismática Número 2 Morabetino.es 2010
-ROMA VALDÉS, Antonio y BRAÑA PASTOR, J.L.
El vellón castellano del siglo XV. Textos
de Numismática Número 3. Morabetino .es 2010
- RUIZ TRAPERO, María. La reforma monetaria de Felipe V; su
importancia histórica. Universidad Complutense 2013. Madrid.
- SÁENZ-BADILLOS, A., TARGARONA, J. Diccionario de autores judíos (Sefarad.
Siglos X-XV). (Córdoba: El Almendro, 1990).
- SÁINZ VARONA, Félix-Ángel. Dos libros de visitas a la Casa de la Moneda
de Burgos. NUMISMA. Número 204-221, 1987-1989
- SEBASTIÁN MORENO, J. La ceca burgalesa y la difusión de su moneda
como indicador de la dominación de Burgos en el área regional: análisis
comparado. Estudios Medievales Hispánicos, 1 (2012)
Fotografías:
-ARS MEDIA
-Museo del Prado.
-Glenn Murray
[1] BARTOLOMÉ
ARRAIZA, Alberto; SÁINZ VARONA, Félix Ángel: “Catálogo exposición La Ceca de
Burgos”. Monasterio de San Juan junio 1983. Ayuntamiento de Burgos. p.11
[2] ROMA
VALDÉS, Antonio:” Emisiones medievales monetarias y castellanas de la Edad
Media. Organización, economía, tipos y fuentes. Textos de Numismática Número 2
Morabetino.es 2010 p.74
[3] GONZÁLEZ
DÍEZ, Emiliano: “Colección Diplomática del Concejo de Burgos (884-1369)”.
Instituto de Estudios Castellanos. Burgos 1984.
[4]
Cortesano judío que vivió en Toledo, aunque, como su nombre indica, su familia
procedía de Barcelona. Ocupó cargos de importancia en las finanzas castellanas
en tiempo del Rey Sancho IV de Castilla, hijo de Alfonso X (1284-95). Si los
últimos años del reinado de Alfonso el Sabio habían sido poco propicios para
los judíos toledanos, el que el nombre del Barchilón aparezca en los libros de
la Cancillería Real de 1284, significa que al comenzar el nuevo reinado vuelven
a ocupar posiciones de influencia. SÁENZ-BADILLOS, A., TARGARONA, J.
Diccionario de autores judíos (Sefarad. Siglos X-XV). (Córdoba: El Almendro,
1990).
Gracias a su amistad con el Conde Don Lope de Haro, el
Rey Sancho le arrienda por dos años el derecho de acuñar moneda de oro, la
recaudación de impuestos de los judíos, las multas, etc. Su firma aparece en
hebreo en documentos firmados por el propio Rey, sin que la caída en desgracia
y posterior ejecución de Don Lope de Haro corte su carrera.
[5] AMB
HI-2980
[6]
SEBASTIÁN MORENO, J. La ceca burgalesa y
la difusión de su moneda como indicador de la dominación de Burgos en el área
regional: análisis comparado. Estudios Medievales Hispánicos, 1 (2012)
p.248
[7] CÁMARA
FERNÁNDEZ y MAÑERU LÓPEZ. La Casa de la
Moneda de Burgos en el siglo XVII (1600-1630) Boletín de la Institución
Fernán González, Nº 217, 1998. p.354-391.
[8] CÁMARA
FERNÁNDEZ y MAÑERU LÓPEZ. Op.cit. p.355
[9] IBÁÑEZ
PÉREZ, Alberto C. Burgos y los burgaleses
en el siglo XVI. 1990. Ayuntamiento de Burgos p.156
Destaca el autor que la reforma del siglo XVI se hizo
aprovechando la madera del edificio anterior, y con muros de emplenta en vez de
piedra, con un importe de 300 ducados, lo que nos da idea de la austeridad del
edificio en contraste con la función que realizaba.
[10] La
traza de estas dos chimeneas se conserva en un libro de Protocolos Notariales
del AHPB-5.900
[11] ROMA
VALDÉS, Antonio:” Emisiones medievales monetarias y castellanas de la Edad
Media. Organización, economía, tipos y fuentes. Textos de Numismática Número 2
Morabetino.es 2010
[12] IBÁÑEZ
PÉREZ, Alberto C. Burgos y los burgaleses
en el siglo XVI. 1990. Ayuntamiento de Burgos. p.157
[13] ROMA
VALDÉS, Antonio y BRAÑA PASTOR, J.L. El
vellón castellano del siglo XV. p.24
[14]
BARTOLOMÉ ARRAIZA, Alberto; SÁINZ VARONA, Félix Ángel: “Catálogo exposición La
Ceca de Burgos”. Monasterio de San Juan junio 1983. Ayuntamiento de Burgos.
P.20
[15] BARTOLOMÉ
ARRAIZA, Alberto; SÁINZ VARONA, Félix Ángel: “Catálogo exposición La Ceca de
Burgos”. Monasterio de San Juan junio 1983. Ayuntamiento de Burgos. P.20
[16] SÁINZ
VARONA, Félix-Ángel. Dos libros de
visitas a la Casa de la Moneda de Burgos. NUMISMA. Número 204-221,
1987-1989 P.149
[17] Las
esguevas que recorrían el núcleo urbano amurallado de la Ciudad, también dieron
problemas de inundaciones. MARTÍNEZ DÍEZ, G. en su libro La Ciudad de Burgos en su Historia, Ayuntamiento de Burgos 2009, p.129, nos cuenta cómo una riada de la
esgueva de la Moneda del 21 de febrero de 1286, “arrancó de su lecho a un enfermo, que fue hallado más tarde muerto, en
un arco del puente de Santa María”. MURRAY documenta en Simancas, como la propia Casa de la Moneda se inundó
durante el invierno de 1680-81, con pérdida de metales y destrucción de hornos.
Y debido a la cercanía del arroyo. Seguro que no era la primera vez. A.G.S
Consejo y Juntas de Hacienda, leg.1415
[18] LADERO
QUESADA, M. Á, Monedas y políticas
monetarias en la Corona de Castilla (siglos XIII al XV). XXVI Semana de
Estudios Medievales. Estella. 19-23 Julio 1999. Gobierno de Navarra, Pamplona,
2000 p.145
[19] Alonso
Antolínez, además de ser teniente de Tesorero de la Casa de la Moneda, también
era el Alcaide del Castillo de Burgos, ambos cargos delegados por el Duque de
Lerma que los obtuvo en 1601 con carácter perpetuo.
[20] IBÁÑEZ
PÉREZ, Alberto C. Burgos y los burgaleses
en el siglo XVI. 1990. Ayuntamiento de Burgos. p.162
[21] A.G.S.
Contaduría Mayor de Cuentas-3ª época, leg.2403. Información facilitada por
Glenn Murray. Lo que llaman el “pradillo
de San Ildefonso”, corresponde con lo que a finales del XIX ocuparía el
Mercado de abastos, al inicio de la actual Avenida del Cid. También en el XIX a
esa plaza se le llamó del carbón por
ser el lugar donde se vendía.
[22] RUIZ
TRAPERO, María: ”La reforma monetaria de Felipe V; su importancia histórica”.
Universidad Complutense 2013. Madrid. p.391
[23] Manuel
Ruiz Zorrilla, natural de El Burgo de Osma, fue un político español de
ideología republicana, que asumió el cargo de Ministro de Fomento y de Gracia y
Justicia durante el Gobierno Provisional constituido tras la Revolución
Gloriosa de 1868 y Jefe de Gobierno con Amadeo I.
[24] RILOVA
PÉREZ, Isaac: “De París a Burgos. Ruiz Zorrilla y los Barbadillo de
Covarrubias”. Colección Academos. Aldecoa 2022.Burgos. p.127,145 y 323 Ángel Aparicio era Procurador
del Juzgado de Instrucción de Burgos, y al mismo tiempo era el administrador de
las casas de los Barbadillo en Burgos, participando a su nombre en muchos
remates de venta de bienes del Estado.
[25] PAYO
HERNANZ, René Jesús: ”Historia de los puentes de la ciudad de Burgos”; En obra
colectiva ”Puentes singulares de Burgos”
Coordinador Miguel Ángel Moreno Gallo. 2018. Diputación Provincial de Burgos,
p.169
[26] AMB
12-404 Rotulación de calles número 28. Año de 1856